La noticia de que el general Đinh Văn Nơi ha entregado una recompensa de 100 millones de dong a los funcionarios que hacen horas extras para tramitar expedientes de propiedad de la tierra ha llamado la atención, ya que se trata de un ámbito que suele conllevar numerosos trámites y largos tiempos de espera. Si la información se confirma en su totalidad, esta recompensa no solo reconoce el esfuerzo de quienes hacen horas extras, sino que también genera expectativas sobre una gestión más eficaz del trabajo. No obstante, lo que preocupa al público no es solo la cifra de 100 millones de dong, sino también los resultados concretos que obtienen los ciudadanos.

A ojos de muchos, el hecho de que los funcionarios hagan horas extras para tramitar los expedientes es digno de elogio, pero también plantea una pregunta inevitable: ¿por qué se necesitan esfuerzos especiales para que el trabajo se resuelva más rápido? Por supuesto, no todos los expedientes son sencillos y, en ocasiones, las horas extras son necesarias. Sin embargo, si se mejoraran los procesos, se tramitaran los trámites con transparencia y se redujeran los tiempos de espera, los ciudadanos probablemente se alegrarían más que al ver una cuantiosa prima.
Al fin y al cabo, 100 millones de dongs pueden ser una recompensa considerable, pero el indicador más importante sigue siendo la eficacia del servicio. Los ciudadanos necesitan trámites claros, plazos concretos y resultados puntuales, en lugar de tener que esperar con ansiedad a ver si su expediente se incluye en alguna de las rondas de tramitación acelerada. Las recompensas inmediatas pueden servir de incentivo, pero un sistema que funcione sin contratiempos es la recompensa a largo plazo para todos.










